Ah, dormir sin interrupciones…!
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ENERO: ¿Como es el sueño de los niños?

La gente que dice que duerme como un bebé, generalmente no tiene uno” — Leo J. Burke.

¡Ah, dormir sin interrupciones…! ¿Te acuerdas de cuando dormías ocho horas cada noche sin despertarte para nada? Si tienes niños pequeños, seguramente te parecerá un recuerdo lejano. Según una encuesta realizada por la Fundación Nacional del Sueño Estadounidense en 2004, hasta un 69% de los niños menores de 10 años tienen problemas para dormirse y mantenerse dormidos. ¿Y qué hay del otro 31 %? ¿Cuál es su secreto?

EL SUEÑO DE LOS BEBES

Dormir, y mucho, es esencial para el correcto desarrollo físico y psicológico de tu bebé. Descubre cuántas horas necesitan dormir, si deben o no hacer siesta y algunos consejos para que aprendan rutinas de sueño.

La evolución del sueño: En el recién nacido la duración total del sueño suele ser de 16 a 17 horas al día, hacia los cuatro meses pasa de 14 a 15 horas y hacia los 6-8 meses de 13 a 14 horas. A partir de los 8-10 meses, la organización y los ciclos del sueño comienzan a ser muy parecidos a los del adulto.

  • 0-3 meses: El bebé se pasa casi todo el tiempo dormido porque su cerebro es aún muy inmaduro. Permanece en posición fetal, con las manos cerradas y los brazos y piernas flexionados. Su sueño es poco profundo y discontinuo: se despiertan cada 3-4 horas, la mayoría de las veces por hambre.
  • 3-6 meses: Sigue durmiendo mucho, aunque según se van acercando los tres meses, duerme las horas más seguidas y está más espabilado entre toma y toma. Su ritmo biológico evoluciona y puede comenzar a distinguir entre el día y la noche.
  • 6-12 meses: Duerme entre 15 y 16 horas diarias. Por la noche suelen dormir entre 10 y 12 horas. El resto se reparte entre dos o tres siestas.
  • 1-2 años: A esta edad, los niños necesitan dormir entre 12 y 14 horas en total. Por la noche, pueden dormir del tirón 11 horas y el resto repartido en una o dos siestas.

La siesta: Un niño de menos de un año y medio puede hacer dos siestas, una después del desayuno y otra, más larga, después de la comida. A partir del año y medio se mantiene la de después de comer, pudiendo continuar con ella hasta los cuatro años por lo menos.

CONSEJOS PARA DORMIR AL BEBE

Hábitos de sueño bien definidos pueden ayudar a los niños a conciliar mejor el sueño.

Dormir también es un alimento para el cuerpo del niño. El niño que no duerme bien acabará teniendo problemas en su conducta o comportamiento. Por eso es tan importante, desde la más temprana edad, establecer horarios así como tiempo de sueño para los niños.

Crear hábitos y rutinas a la hora de dormir, apropiados a la edad de cada niño, puede ayudarle a conciliar mejor el sueño y a descansar bien ya que se sienten más seguros. Es conveniente determinar y respetar los horarios en que tengan que irse a la cama, bien como el de levantarse, día tras día. Las etapas del sueño infantil son muy personales, pero los padres deben ir orientándolas según las necesidades que tengan sus hijos.

Es decir, el organismo de los niños funciona como un mecanismo de relojería, por eso hay que establecer un horario y ser estrictos en su cumplimiento. Un crío acostumbrado a ir a la cama todos los días a la misma hora, empezará a sentir sueño cuando se acerca esa hora. En cambio, si no somos estrictos se generarán resistencias de dos tipos:

  1. Una de tipo psicológico: el niño se opondrá si un día le acostamos demasiado pronto, y al otro demasiado tarde. Pensará que al día siguiente tiene derecho a lo mismo.
    Otra de tipo fisiológico, ya que el organismo infantil no desarrollará el mecanismo de realizar sus funciones a la misma hora, en este caso dormirse.
    Por tanto, hay que ser firmes y no permitir que se cambie la hora de irse a la cama. Lo cual no implica gritos ni violencia, sino tenacidad y persuasión. El mismo hecho de que lo convirtamos en un hábito, es decir, en un automatismo, hace la mitad del trabajo.
  2. La otra mitad la realiza eso que llamamos ‘el ritual‘. A los niños les gusta que ciertas cosas transcurran todos los días de la misma manera y en el mismo orden. El baño antes de cenar, la cena, hacer pis, ponerse el pijama… todo ello en nuestra compañía y como un juego placentero, les predispone a meterse en la cama y dormir.

Una vez entre las sábanas, el niño afronta el delicado momento de quedarse solo y a oscuras. Para aliviar este paso, ayuda mucho pasar un rato junto a su cama, una canción, algún cuento, unas palabras tiernas, el beso de buenas noches, un relajante ‘Duerme tranquilo que papá y mamá te cuidan’ y un peluche que sea un buen compañero para la travesía nocturna.

A partir de los 3 o 4 meses de edad es posible empezar a aplicar algunas reglas para lograr que el bebé adquiera un buen hábito de sueño, se duerma solito y no se desvele más de lo necesario.

  • Ritual: es imprescindible mantener una rutina diaria. Siempre hay que hacer lo mismo y en idéntico orden antes de acostarlo. Lo mejor es darle primero un baño que le ayude a relajarse, después la cena –sin permitir que se duerma mientras la toma– y a continuación, meterlo en la cuna, todavía despierto, para que no relacione los brazos con dormir. Prohibido sobreexcitarlo o estimularlo en este último rato.
  • Horario: conviene acostumbrarlos a dormir todos los días a la misma hora: entre las 20.00h y las 20.30h en invierno y las 20.30h y las 21.00h en verano. Ponlo en su cuna cuando esté adormilado, no totalmente dormido. Consejo: cuando tu bebé tenga de 6 a 8 semanas, crea una escala de sueño del 1 al 10. El 1 es despierto totalmente y el 10 es dormido como un tronco. Espera a que tu bebé esté en el número 7 y ponlo a dormir. Mover los brazos y las piernas de forma menos vigorosa y no succionar con tanta fuerza (pasar de alimentarse, a succionar para calmarse) son signos claros de que está entrando en el mundo de los sueños.
  • Intenta no mirar a tu bebé a los ojos. Muchos bebés se estimulan muy fácilmente. Una mirada tuya amorosa puede hacer que pasen de estar cansados a estar en plena forma más deprisa de lo que tardas en decir: “¡Ay, no!”. Ver cómo tu bebé reacciona a tu mirada es maravilloso al mediodía y desalentador a medianoche. ¿Qué puedes hacer entonces? Bajarle el nivel a todo. Si tienes que entrar en el área donde está durmiendo tu bebé por la noche, no mantengas su mirada, hables o le cantes tu canción favorita de Juanes. Mantén tu mirada en su barriguita y acaríciale la espalda con suavidad y una voz dulce y tranquila.
  • Llévatelo al lado oscuro, las luces activan el botón biológico de puesta en marcha de tu hijo. Y al contrario, la oscuridad hace que el cerebro libere melatonina, una hormona clave para conciliar el sueño. Si tu bebé duerme más durante el día que por la noche, ayúdale a reconocer la diferencia. Durante el día, deja que entre mucho sol en la casa. Pon a tu bebé a que duerma siestas durante el día en cuartos bien iluminados (a menos que tenga problemas para dormir siestas). Para inducir el sueño por la noche instala reguladores de intensidad en las luces, no sólo en el cuarto de tu bebé sino en otras habitaciones donde los dos pasen mucho tiempo. Reduce la intensidad de la luz una o dos horas antes de la hora de irse a dormir por la noche, para establecer el ambiente. Las luces nocturnas están bien, pero escoge unas que sean pequeñas y de tono azulado y apagado (las de color amarillo y blanco brillante son más estimulantes).
  • Vestimenta: debe llevar un pijama cómodo y amplio, que abrigue lo suficiente para que sientan la necesidad de ser tapados o como mucho, con una manta fina remetida por los pies para que al moverse –los bebés suelen dar muchas vueltas sobre sí mismos– no se sientan atrapados. Los pijamas-manta son una buena opción.
  • Habitación: al principio, el bebé duerme con los padres, aunque, según recomiendan los expertos, alrededor de los seis meses se le debe instalar en su cuarto y en una cuna. La habitación del bebé debe estar bien ventilada y a una temperatura de entre 20ºC y 23ºC.
  • Postura: los bebés han de dormir boca arriba, postura les ayuda a descansar mejor y reduce el riesgo de que sufran el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL). Cuidando, eso sí, de cambiarle la cabecita de lado de vez en cuando para evitar deformidades craneales.

A partir de los 18 meses, tu niño debería dormir de 11 a 12 horas por la noche y una siesta de hora y media a 3 horas cada día. Algunos niños siguen durmiendo dos siestas más cortas durante el día, hasta que cumplen 2 años. Si tu hijo es uno de ellos, déjale que lo haga.

Lo mejor que puedes hacer para asegurarte de que los hábitos de sueño de tu hijo van por buen camino es lo siguiente:

  1. Mantén la rutina corta y sencilla. Un show de variedades con varios actos: un baño, tres cuentos, dos canciones y un masaje puede retrasar la hora de irse a dormir eternamente. “Antes de que te des cuenta, tu bien intencionada rutina para irse a la cama se ha convertido para tu hijo en un momento de transición para la hora de jugar”. Es importante que los padres de niños que tienen dificultades para mantener el sueño mantengan una rutina de no más de 15 minutos (está bien que sea un poco más larga si tu hijo no tiene problemas para quedarse dormido). Quince minutos es todo lo que debe tardar para ponerse el pijama, leer dos libros cortos y decir buenas noches.
    -Baja el colchón: Si mueves el colchón de la cuna a su nivel más bajo, es posible que puedas impedir físicamente que tu hijo se salga, aunque probablemente deje de funcionar cuando crezca.
    -Vacía la cuna: Es posible que tu hijo esté usando los juguetes de la cuna para agarrar impulso. Si los sacas de la cuna, seguramente se quedará en ella más tiempo.
    -No le hagas mucho caso cuando salga de la cuna: Si tu hijo se sale de la cuna y reaccionas dándole mucha atención o dejando que se meta en la cama contigo, seguirá haciéndolo. En lugar de eso, permanece calmada y neutral, dile con firmeza que no salga de la cuna, y vuélvelo a acostar. Enseguida se dará cuenta de que no merece la pena salir.
    -Vigílalo: Corta de raíz sus escapadas, quedándote de pie donde puedas verlo en la cuna pero él no pueda verte a ti. Si intenta salirse, dile inmediatamente que no lo haga. Después de haber hecho esto unas cuantas veces, seguramente aprenderá a quedarse quieto.
  2. Mantén un entorno seguro: Si no puedes evitar que tu hijo salga de la cuna, al menos puedes asegurarte de que está seguro. Pon almohadas y otras protecciones en el piso, alrededor de su cuna y cerca de sus arcones para guardar juguetes, muebles y otros objetos que pudieran causar un fuerte golpe. Si no hay manera de evitar que salga de la cuna, siempre puedes bajar los rieles de la cuna y dejarle cerca un peldaño. Así al menos no tendrás que preocuparte de que se pueda caer y hacerse daño.
  3. Ayúdale a romper malos hábitos de sueño para que pueda dormirse por su cuenta. Tu hijo debería ser capaz de dormirse sólo por la noche sin que lo acunes, lo amamantes ni le ayudes a dormirse. Si se acostumbra a depender de estas ayudas externas, no podrá volver a dormirse solo durante la noche si se despierta.
    Piénsalo así: te duermes con la cabeza sobre una almohada y cuando te despiertas en mitad de la noche, la almohada no está ahí. Seguramente te preocuparía la ausencia de la almohada y la buscarías, despertándote del todo. Igualmente, si tu hijo se duerme cada noche escuchando un CD en particular, se preguntará qué pasó cuando se despierte y no escuche la música, y es posible que no pueda volver a dormirse solo. Para ayudarte a evitar esto, procura acostarlo cuando tiene sueño pero aún no está dormido, y así se dormirá por su cuenta.
  4. Ofrécele opciones aceptables a la hora de dormir. Estos días, tu niño pequeño empieza a poner a prueba los límites de su recién estrenada independencia, y quiere ejercer control sobre el mundo que lo rodea.
    Para evitar luchas de poder a la hora de dormir, permítele elegir en la medida de lo posible lo que puede hacer durante su rutina nocturna, como qué cuento quiere escuchar antes de dormir, o qué pijama quiere ponerse. El truco está en ofrecerle solo dos o tres alternativas y asegurarte de que ambas te parecen bien a ti. Por ejemplo, no le preguntes “¿Quieres acostarte ahora?” porque te podría decir que no, lo cual no es aceptable. En lugar de eso, prueba a decirle: “¿Quieres ir a la cama ahora o dentro de cinco minutos?” Así aún puede tomar la decisión, pero tú ganas de cualquier manera.

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