no existe una regla de oro a la hora de pasar un niño de la cuna a la cama
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FEBRERO: de la cuna a la cama

  • Como con todas las decisiones relacionadas con los niños pequeños, no existe una regla de oro a la hora de pasar un niño de la cuna a la cama. Depende del estilo de crianza de cada familia, del carácter de cada niño y hasta del lugar que ocupa en la familia. Las recomendaciones y sugerencias únicamente son pautas para que los padres evalúen las posibles opciones.Si la decisión inicial ha sido optar por un moisés, cerca de la cama de los padres, mientras se establecen patrones de sueño y se lacta al bebé, este permanecerá en el cuarto con los papás por comodidad y, habitualmente, sucede durante los primeros 6 meses de vida. En general, a esta edad, el bebé ya duerme más tiempo de noche y los padres se armarán de valor para pasarlo a su cuarto. Allí, es común que los bebés duerman en su cuna o cama-cuna.

    Es muy común, después de que el bebé empieza a dar sus primeros pasos, que su agilidad se vea redoblada. En esta etapa, el bebé probará una libertad mucho más grande de movimientos, lo que le dará más curiosidad por otras cositas y otros lugares de la casa, hasta llegar al punto de poder salir él solo de su cuna.

    Su desarrollo es lo que le impulsará al cambio de la cuna a la cama. Un cambio que, por regla general, suele tener lugar a los dos o dos años y medio, o cuando el niño siente que la cuna ya no tiene tanto espacio para que él se duerma y se estire. El paso de la cuna a la cama es una transición necesaria para el desarrollo del bebé; es señal de que crece y de que se hace mayor. Se trata de un paso importante por lo que es cuestión de escoger el momento más adecuado y seguir algunos consejos que facilitarán el cambio al niño.

    LO QUE DEBES SABER

No hay un momento preciso para hacer el cambio de la cuna a la cama, algunos padres creen que es cuando es capaz de ir al baño solo, otros cuando tienen entre 18 meses y tres años y medio, o si es demasiado grande o activo para su cuna, etc.

A los niños que nacen en segundo o tercer lugar les cuesta menos adaptarse al cambio porque tienen al hermano mayor como ejemplo y quieren ser como él. Se sienten más estimulados a subir este gran escalón hacia la independencia, por el simple deseo de imitar, querer hacer y ser igual es que su hermano mayor.

Momentos erróneos para trasladar el lugar de descanso del niño:

  • Cambio precipitado o antes de tiempo.Muchos padres sacan a su hijo de la cuna por una cuestión de seguridad, pues temen que salte la barandilla. Éste no debería ser el único motivo, ya que si el niño no está preparado para dormir en la cama, el cambio sería incluso más peligroso: podría entrar y salir de la cama a su antojo y caminar por la casa sin control mientras todos duermen.

Si esto ocurre, y el niño está inmaduro para el cambio, se debe bajar el colchón de la cuna lo máximo posible, de manera que las barandillas queden más altas y el niño lo tenga más difícil para saltar. También pueden colocarse unas redes o mallas para cunas que se fijan con velcros a las barandillas, creando una especie de toldo que mantiene al bebé seguro en su cuna.

  • Evitar que coincida con la llegada del hermanito.
    Otro motivo erróneo para trasladar el lugar de descanso del niño es la llegada de un hermanito. Si es un cambio logísticamente necesario, se debe hacer unos dos meses antes del nacimiento y no hacerlo coincidir exactamente con su llegada pues ya es un cambio demasiado importante como para añadirle otro.
    La idea es que el niño esté completamente acostumbrado a su nueva cama antes de que el nuevo bebé se apodere de “su” cuna. Si el hermano mayor es todavía muy pequeño para el cambio en la fecha de nacimiento del bebé, se puede demorar el traslado a la cama a los tres o cuatro meses tras el nacimiento, ya que mientras el bebé estará en un moisés. Hay que asegurarse de programar esta transición según las necesidades del niño y no tan sólo por la necesidad de dejar un espacio para el bebé que está por llegar.
  • ¿Y si todavía no está listo?
    Algunos niños simplemente no están listos para hacer la transición a la cama grande. La cuna tiene barreras visibles en forma de barandillas, pero la cama no. Para que un niño comprenda que una cama tiene “paredes imaginarias” dentro de las cuales uno debe permanecer es necesario que haya alcanzado un cierto nivel de desarrollo cognitivo. Si el niño tarda mucho en dormirse o se levanta muchas veces en el transcurso de la noche, lo más probable es que todavía no esté listo para pasar a una cama. Si el retorno a la cuna es necesario es importante no considerarlo como un retroceso en el desarrollo del niño y procurar que él no lo vea como un castigo.

LA ADAPTACIÓN A LA CAMA

Cada niño es un mundo, por lo que hay niños que se adaptan muy bien y a otros les cuesta un poco más. Una situación frecuente es que a los primogénitos les suele costar más cambio que a los niños que ya tienen hermanos mayores. Es posible que el niño esté realmente apegado a su cuna y a todos los sentimientos que le asocia (comodidad, seguridad, protección…). Además, el cambio a una cama grande es tan sólo uno de los muchos cambios que suelen ocurrir en esta etapa de su vida, y podría coincidir con su entrenamiento para ir al baño, el comienzo del parvulario y otras presiones sociales para que se porte como un “niño mayor”. Si, además, hay un hermanito en camino, puede que el niño se sienta muy posesivo en relación a los objetos de su propiedad, incluyendo su cuna. Sin embargo, a los niños que nacen en segundo o tercer lugar, por el contrario, les cuesta menos adaptarse al cambio porque tienen al hermanito mayor como ejemplo y quieren ser como él.

CÓMO HACERLO MÁS FÁCIL

  • Dependiendo del niño, hay casos en los que se necesita un periodo de adaptación, es decir, que el niño se vaya habituando paulatinamente a la nueva situación. Mientras sigue durmiendo por la noche en su cuna, déjale que juegue o duerma la siesta en la cama, hasta que se sienta más seguro en ella y haga el cambio definitivo.
  • Al mismo tiempo, es necesario explicarle los motivos del cambio, valorando siempre su crecimiento y su tamaño.
  • Para animar y estimular un niño a que acepte un cambio nada mejor que dejarle que participe en la toma de algunas decisiones. En el caso de la cama, lo ideal es dejarle colaborar en todo lo que se refiere a la nueva cama. El niño podrá ayudar a elegir su nueva cama, elegir los colores y estampados de las nuevas sábanas, etc., ayudar en el desmonte de la cuna y saber dónde la van a guardar, y así con todo.
  • Procurar situar la nueva cama en el mismo lugar en el que estaba la cuna.
  • Mantener algún juego de cama o mantitas de la cuna para fomentar la seguridad del niño hacia “lo viejo conocido”.
  • La cama debe ser segura y amplia, no muy alta, sin esquinas salientes y que entre la cama y el colchón no queden espacios donde el niño pueda meter una mano o un pie. Colócala lejos de ventanas y enchufes.
  • Colocar una barandilla o barrera protectora en la cama para evitar que se caiga al suelo si se mueve mucho por la noche. La barrera debe tener un lugar libre para salir y entrar por si el niño quiere ir al lavabo.
  • Mantener un hogar seguro, ya que el niño es capaz de levantarse y deambular por la casa a sus anchas.

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