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OCTUBRE: Hábitos y rutinas

Durante los primeros años de vida, los padres juegan un papel fundamental en la transmisión a sus hijos de valores, normas, hábitos, rutinas y costumbres, siendo los máximos responsables. Este conjunto de actitudes y aptitudes serán fundamentales para su desarrollo personal y social.

Coincidiendo con la incorporación del niño al Centro Escolar, las conductas de imitación y aprendizaje concurren en varios contextos: en su relación con los progenitores y en el aula, que influye paralelamente a la acción de los padres. Por ende, la relación familia-escuela será esencial para un desarrollo armónico, favoreciendo la adquisición de hábitos básicos para su autonomía y desarrollo posterior.

Existe contrastada literatura científica que avala el modo en que los malos hábitos durante la edad temprana afectan al crecimiento. Es obvio que los primeros educadores están en la Familia, y de forma complementaria, la escuela ofrece nuevas pautas y refuerza determinados aprendizajes que no se dan en un contexto familiar.

Si los padres no desarrollan con regularidad actitudes proactivas y prosociales, si sus hábitos de higiene y alimentación son deficientes y si el sueño no se regula de acuerdo a fórmulas saludables, estarán ofreciendo un “modelo” distinto al que promueven los centros escolares. En cambio, si la familia impulsa hábitos de vida saludables, enseñando a sus hijos los beneficios de hacer ejercicio de la práctica del deporte, de descubrir el sabor de nuevos alimentos… daremos un buen ejemplo a imitar y el niño, seguramente, adoptará los mismos hábitos.

Pero, las conductas prosociales, ¿se pueden aprender?

Las conductas de cooperación, de ayuda, sí se pueden aprender siguiendo tres procesos: por un lado, un proceso de identificación (los padres deben indicar cuáles son las conductas adecuadas que se esperan de los niños); por otro, un proceso de imitación de los diferentes modelos de comportamiento (padres, maestros, compañeros y hermanos llevan a cabo dichas conductas) y finalmente, a partir de la puesta en práctica en la familia, en la escuela y en la sociedad en general.

Una buena forma de llevar esto a cabo consiste en enseñarles hábitos saludables que puedan incorporar a sus rutinas, para facilitar al niño el control sobre lo que le rodea. Con “hábito” nos referimos a los patrones de conducta que el niño debe aprender, como lavarse los dientes. Ese hábito aprendido cada familia lo establece y realiza en su vida diaria según su costumbre. Se trata de procedimientos (cómo lo hacemos) y de horarios (cuándo lo hacemos).

Entre los hábitos más importantes que los padres debemos crear se encuentran los relacionados con el sueño, la comida, la higiene, el orden o el estudio. Además, y por si fuera poco, no basta simplemente con fijar una serie de normas, debemos garantizar que estas se cumplen, es decir, supervisar que se llevan a cabo de forma adecuada al menos hasta que el niño las ha incorporado a su repertorio de conductas habituales, creándose una rutina. Siempre es preferible incorporar cualquier pauta desde edades tempranas para después ir incrementando la complejidad y las responsabilidades a medida que el niño se desarrolla y las va dominando.

Tanto los hábitos como las rutinas aportan un componente importantísimo de constancia y regularidad y, por ello, son fundamentales tanto para la vida familiar como la escolar.

Por todo ello, a la hora de crear hábitos son esenciales estos cinco pasos:

1. Decide lo que quieres que haga o vayas a pedir al niño.
2. Lo que digas, cúmplelo hasta el final.
3. Es importante la firmeza y amabilidad.
4. No hables, actúa.
5. Menos es más.
En conclusión, a la hora de adquirir hábitos se ha de tener en cuenta, que:

– Es un proceso continuo, gradual y dura toda la vida. Por ello, es importante crear un ambiente relajado, tranquilo y adaptado a las circunstancias.
– Para lograr motivar al niño y que se implique, es importante que lo viva como un proceso satisfactorio y agradable, y que cada pequeño avance sea un éxito que le impulse a seguir intentándolo.
– Resulta positivo explicarle la razón de las acciones para que entienda su utilidad (porque es bueno lavarse las manos antes de comer).
– Debe ser reforzado en el momento oportuno (nada de demoras).
– La familia debe tener paciencia y ser precisa en las descripciones de las conductas.
– Los padres deben colaborar y marcar normas claras.
– La clave para todo esto es la constancia, la paciencia y la repetición. Los hábitos pueden tardar algunos meses en incorporarse, pero no por eso debemos decepcionarnos o pensar que es una tarea imposible.

¿Por qué es importante esto de las rutinas?

Podríamos pensar que no es necesario establecer estas rutinas, que ellos solos irán aprendiendo con el tiempo cómo es necesario actuar. Es cierto que los niños son como esponjas que aprenden continuamente de todo lo que les rodea, por imitación o por las consecuencias que tenga su conducta.

Sin embargo, ayudarles desde fuera a crear sus hábitos servirá para que en un futuro los interioricen y sean capaces de afrontar su mundo de una manera organizada, segura y autónoma. Incorporar rutinas proporciona al niño una estructura, sabe lo que viene después ya que es capaz de encadenar acontecimientos (baño-pijama-cena-lavarse los dientes-a la cama) y esto aumenta el control que el niño tiene sobre lo que le rodea y por tanto, su confianza. Por otra parte, si establecemos rutinas adecuadas y el niño aprende que cada actividad tiene su momento, con la repetición irá aprendiendo a autorregularse (no me levanto de la mesa para ir a jugar, porque sé que después tendré un ratito para eso; tengo que ordenar los juguetes que he utilizado antes de irme a bañar…), lo que facilita su funcionamiento, le ayuda a comprender mejor su entorno y le permite desarrollar su autocontrol e independencia.

Además, tener unas rutinas estructuradas puede evitar conflictos, enfados o castigos innecesarios. El niño aprende cuáles son “sus tareas” y por tanto lo que los padres esperan de él (a un niño que tiene bien interiorizado el hábito de la comida costará menos convencerle de que “no se comen golosinas porque dentro de poco es la hora de comer”).

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